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No pueden ustedes servir a Dios y al dinero’.

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Religión

Noviembre 09, 2018 22:21 hrs.
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LA PALABRA DE DIOS

10 de noviembre 2018

Memoria de San Leon Magno, papa y doctor de la Iglesia
Primera lectura
Flp 4, 10-19
Hermanos: Me he alegrado mucho en el Señor de que el interés de ustedes por mí se haya vuelto a manifestar. No es que no lo tuvieran, sino que les había faltado la ocasión de ayudarme. Y no se lo digo porque esté necesitado, pues he aprendido a conformarme con lo que tengo.

Sé lo que es vivir en pobreza y también lo que es tener de sobra. Estoy acostumbrado a todo: lo mismo a comer bien que a pasar hambre; lo mismo a la abundancia que a la escasez. Todo lo puedo unido a aquel que me da fuerza. Sin embargo, han hecho ustedes bien en socorrerme cuando me vi en dificultades.

Ustedes saben, filipenses, que al comenzar a predicar el Evangelio, cuando salí de Macedonia, ninguna comunidad cristiana, fuera de ustedes, me brindó una ayuda económica a cambio de lo que habían recibido de mí. Pues, incluso cuando estaba en Tesalónica, en más de una ocasión me enviaron ayuda para aliviar mis necesidades.

No es que yo busque sus donativos; lo que me importa es que ustedes se hagan cada vez más ricos ante Dios. Tengo cuanto necesito y más de lo que necesito. Tengo de sobra con lo que Epafrodito me entregó de parte de ustedes, y que es para Dios ofrenda y sacrificio que él acepta con agrado. Y mi Dios, con su infinita riqueza, remediará con esplendidez todas sus necesidades, por medio de Cristo Jesús.
Palabra de Dios
Te alabamos, Señor

Salmo Responsorial
Salmo 111, 1-2. 5-6. 8a y 9
R. (1a) Dichosos los que temen al Señor.
Dichosos los que temen al Señor
y aman de corazón sus mandamientos;
poderosos serán sus descendientes:
Dios bendice a los hijos de los buenos.
R. Dichosos los que temen al Señor.
Quienes, compadecidos, prestan
y llevan su negocio honradamente,
jamás se desviarán:
vivirá su recuerdo para siempre.
R. Dichosos los que temen al Señor.
Firme está y sin temor su corazón,
al pobre dan limosna,
obran siempre conforme a la justicia;
su frente se alzaré llena de gloria.
R. Dichosos los que temen al Señor.

Aclamación antes del Evangelio
2 Cor 8, 9
R. Aleluya, aleluya.
Jesucristo, siendo rico, se hizo pobre,
para enriquecernos con su pobreza.
R. Aleluya.

Evangelio
Lc 16, 9-15
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Con el dinero, tan lleno de injusticias, gánense amigos que, cuando ustedes mueran, los reciban en el cielo. El que es fiel en las cosas pequeñas, también es fiel en las grandes; y el que es infiel en las cosas pequeñas, también es infiel en las grandes. Si ustedes no son fieles administradores del dinero, tan lleno de injusticias, ¿quién les confiará los bienes verdaderos? Y si no han sido fieles en lo que no es de ustedes, ¿quién les confiará lo que sí es de ustedes?

No hay criado que pueda servir a dos amos, pues odiará a uno y amará al otro, o se apegará al primero y despreciará al segundo. En resumen, no pueden ustedes servir a Dios y al dinero’’.

Al oír todas estas cosas, los fariseos, que son amantes del dinero, se burlaban de Jesús. Pero él les dijo: "Ustedes pretenden pasar por justos delante de los hombres; pero Dios conoce sus corazones, y lo que es muy estimable para los hombres es detestable para Dios".
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús


Reflexión del Evangelio de hoy
Como San Pablo seamos agradecidos
Después de su conversión para San Pablo el fundamento de la vida de fue Jesucristo, por ello sabe apreciar, en su justo precio, la ayuda que los filipenses le envían para que haga frente a sus necesidades, aunque él les recuerda que «he aprendido a bastarme con lo que tengo.»

Sí, Pablo encontró en Cristo la fortaleza para, entre cadenas, seguir siendo su Apóstol, para saber vivir en «la hartura y el hambre, la abundancia y la privación.»

San Pablo aceptó, por amor a Dios y a los hermanos, sin quejas con paciencia y generosidad de ánimo, la realidad que le tocaba vivir, no se quejaba de su suerte, y, aunque no necesitaba las dádivas de los filipenses, les agradece su generosidad, vio en ellas una prueba de amor de ellos hacia él.

El ferviente deseo de Pablo era: que los filipenses crecieran en las virtudes cristianas y dieran, todavía más frutos, en el Espíritu. Pablo aceptó la ofrenda como si no le hubiera sido hecha a él, sino a Dios, pues él era su ministro.

La gratitud a Dios y a los hermanos, es la actitud correcta del corazón humano perdonado, redimido y bendecido y por ello nos impulsa a obedecer a Dios, a anhelar vivir en santidad, a predicar el Evangelio, a ser genuinamente humildes, nos protege de caer en orgullo, nos recuerda que somos totalmente dependientes de Dios y nos impulsa a vivir en el gozo de la fraternidad.

Sólo con gratitud y desde la gratitud seremos, y viviremos, como miembros vivos del Cuerpo de Cristo, para poder comprometernos con la iglesia para colaborar en la extensión del reino de Dios. Ya que, de hecho, el Reino de Dios, desde la perspectiva humana, se basa en la respuesta de la persona redimida ante el amor tangible de Dios expresado en la muerte del Señor. La respuesta correcta sólo puede ser una: gratitud. Por ello tenemos que aprender a ser agradecidos a Dios en todo y por todo.

Compartir lo que tenemos
El Señor Jesús, en el texto evangélico de hoy, nos pone en guardia sobre el dinero y los bienes de esta tierra. Son pequeñas frases que invitan a tomar la opción que supone una decisión radical, una tensión interior constante.

Porque la vida es siempre una constante opción entre fidelidad e infidelidad, entre egoísmo y solidaridad, entre bien y mal, es necesario que tomemos una decisión fundamental, para elegir entre Dios y el dinero.

Es decir nos vemos obligados elegir entre la lógica del lucro, como criterio último de nuestro quehacer, y la lógica del compartir, viviendo solidariamente. Si optamos por esta última lógica orientaremos nuestra vida hacia la fraternidad, estableciendo con ello en nuestra sociedad la lógica de la caridad, del compartir el desarrollo equitativo de todos los bienes entre todos los hombres.

En el fondo, se trata de optar por el egoísmo, o por el amor, por la justicia o por la injusticia. Para nosotros, seguidores de Cristo, se trata de amarle a Él y a los hermanos haciendo de ello la finalidad verdadera y última de toda nuestra vida.

Para hacerlo realidad es necesario hacer opciones fundamentales, estando dispuestos a renuncias radicales. Porque hoy, como ayer, nuestra vida de cristianos nos exige valentía para ir contra corriente, para amar como Jesús, que llegó al sacrificio de sí mismo en la cruz, dándonos con su vida, muerte y resurrección la vida eterna.

Sabemos que la única manera de hacer que fructifiquen, para la eternidad, nuestras cualidades y capacidades personales, así como las riquezas que poseemos, es compartirlas con nuestros hermanos, siendo de este modo buenos administradores de lo que Dios nos encomienda.

Recordemos que Santa Teresita decía: «La Fidelidad es la flor del amor y para la cual nada es pequeño.» Porque en el amor no hay mucho ni poco, o se ama o no se ama.

Que Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, nos ayude a usar con sabiduría evangélica, es decir, con generosa solidaridad, los bienes terrenos.

Monjas Dominicas Contemplativas
Monasterio de Santa Catalina de Siena (Paterna)

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