El rito de los Voladores de Papantla


El rito de los Voladores de Papantla

Cultura

Febrero 02, 2018 15:45 hrs.
Cultura Estados › México Veracruz
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Una de las danzas más asombrosas de México ocurre en los cielos, alrededor de un enorme tronco. Desde ahí se lanzan cuatro valientes, mientras desde el punto más alto un quinto toca su flauta y su tambor.
Con esta ceremonia piden que caiga lluvia, y logran el asombro de todos nosotros.

El rito de Los Voladores tiene origen totonaco, en específico del pueblo de Papantla, en los límites de Veracruz con Puebla. Pero se practica en muchas otras partes del país; la tradición ha llegado incluso hasta territorios de Jalisco y Nayarit.

Hace muchos años hubo una enorme sequía en Totonacapan. Los ancianos del pueblo pensaron que debía hacerse un homenaje a los dioses para que lloviera. Se lo encomendaron a cinco jóvenes castos. Ellos cortaron el árbol más alto y recto, subieron por él y se lanzaron como pájaros.

Los primeros hombres-pájaro vestían plumas auténticas: de guacamayas, águilas, búhos, quetzales y cuervos. Hoy se visten con manta blanca. Y otros adornos de gran simbolismo.

Usan un gorro cónico que alude al quetzal. Y listones en las espaldas que representan el arcoíris posterior a la lluvia. Además de flores tejidas en los pectorales por la fertilidad y pantalones rojos que simbolizan al sol y a la sangre de los danzantes muertos.

El ritual inicia desde que se selecciona el tronco. Los danzantes deben rezar y pedir perdón al bosque. Al trasladar el tronco, deben procurar que nunca toque el piso.

En lo alto del palo –que va de los 20 a 30 metros- se encuentra el tecomate. Es una plataforma estrecha de madera, con un aparato giratorio. Desde él se lanzan los danzantes al vacío. Sobre el tecomate se queda el Caporal, el músico que dirige la ceremonia.

El Caporal eleva los brazos a las alturas. Mantiene el balance en un pie y toca melodías con un tamborcillo y una flauta de carrizo.

Los cuatro jóvenes que descienden representan a los cuatro puntos cardinales. Cada uno de ellos da trece giros. Al multiplicarlos por cuatro, dan 52 giros, que es el número de años del calendario Xiuhmolpilli.

Los voladores son instruidos desde pequeños. Y antes de la ceremonia deben abstenerse de tomar alcohol y de tener encuentros sexuales, para purificar su cuerpo y ser aptos para el ritual.

El mejor lugar para ver a los Voladores es el Centro Histórico de Papantla y la Zona Arqueológica de Tajín. Pero la ceremonia se ha extendido a muchos puntos del país. En la Ciudad de México puede verse afuera del Museo Nacional de Antropología.

Los Voladores de Papantla han merecido una gigantesca escultura. Tiene 18 metros de altura y es de la autoría de Teodoro Cano. Puede conocerse en Papantla, de dónde también es famosa la vainilla, que incluso tiene denominación de origen.

En 2009, la ceremonia de los Voladores de Papantla ha sido reconocida por la Unesco como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.


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