EN LAS NUBES

Hablemos con alegría

Carlos Ravelo Galindo

Hablemos con alegría

Cultura

Enero 26, 2021 12:51 hrs.
Cultura Nacional › México Ciudad de México
Carlos Ravelo Galindo › Club Primera Plana

Sí, con alegría recemos por los enfermos. Por todos.

Rusia Mc Gregor González, atinada como siempre nos apoya: Recemos Carlos querido. Con mucha, mucha, alegría, frente al mal.
Y sobre nuestra profesión de reporteros, confirma:
’Y sí... estamos atornillados a la máquina.
¡Aleluya!
De otra forma, cómo podríamos llegar a los lectores ávidos de buen periodismo e investigación.
No todos los que escriben tienen el don de hacer llegar a quienes gustan de la lectura, sea cual fuere su tema, información real, sin componendas’.

Nuestra respuesta muy cordial.
Nuestros amigos son, han sido y será, amén de buenos escritores. Y muchos, maestros de todos.


Y aquí con algunos ejemplos lo demostramos.
La arquitecta Yolanda Gómez Covián, nos envía lo que su mamá les recitaba de Francisco Luis Bernárdez.
Lo prometido es deuda. Este es el Poema que te platiqué. Mi Mamá nos lo recitó varias veces. Un beso. Yolis.
Si para recobrar lo recobrado
Debí perder primero lo perdido,
Si para conseguir lo conseguido
Tuve que soportar lo soportado,

Si para estar ahora enamorado
Fue menester haber estado herido,
Tengo por bien sufrido lo sufrido,
Tengo por bien llorado lo llorado.

Porque después de todo he comprobado
Que no se goza bien de lo gozado
Sino después de haberlo padecido.

Porque después de todo he comprendido
Que lo que el árbol tiene de florido
Vive de lo que tiene sepultado.

Y de doña Rosa María Campos su bendita primavera. Nos falta poco.
Primavera llegas tú y Gea reverdece; como los viejos y nuevos amores. La fertilidad esta radiante, manifiesta y la devoción se desborda en rituales, danzas, coros, música, quema de incienso. ¡Bienvenida bendita primavera!
Queridos amigos mayorcitos llegó la primavera y con ella el rejuvenecimiento, la renovación, la resurrección, el nuevo crecimiento: ¡Recibamos el amanecer del año con baños de flores en el mar, ríos, manantiales! El calendario maya incluía el equinoccio de primavera durante el mes de las flores, tozoztontli, que estaba dedicado a la diosa madre, Coatlicue en cuyo honor, entre el 14 de marzo y el 2 de abril se realizaban numerosos rituales que consistían en: danzas, coros, música, quema de incienso, baños purificadores y ayuno, para ser bendecidos durante todo el año.
En Europa los antiguos imperios del Mediterráneo heredaron, de los egipcios, asirios y sumerios, la costumbre de honrar, durante el mes de marzo, a sus dioses muertos y resucitados, con diferentes tipos de rituales y festividades, para que a su vez ellos estuvieran pendientes de su salud y buena fortuna.
En Grecia al finalizar un año y al inicio de otro, organizaban grandes bacanales en honor de Dioniso dios del vino y de Baco, dios de la alegría.
Sus sacerdotes y sacerdotisas se entregaban a bailes desenfrenados, a una música enloquecedora y a la ingestión de vino hasta alcanzar el éxtasis, pero a partir del 15 al 25 de marzo ayunaban, para purificar el cuerpo y el espíritu y congraciarse, con sus dioses.
En el oriente la gran limpieza anual o la Acción de Limpieza de Primavera, es tradición oriental para terminar un año y abrir otro,con energía fresca y renovada.
Esta limpieza o Li chun, deshace la mala suerte y acerca buenas oportunidades, el resto del año.
Quienes no cumplan con este ritual primaveral se sentirán apáticos y emocionalmente desordenados, durante el resto del año.
Y nuestro desaparecido amigo don Octavio Raziel García, desde el cielo, en donde está, nos habla de la Muerte de Alberto:
Alberto murió a los 77 años, tal como estaba escrito en sus juegos infantiles. Hubiera querido fuera mirando al mar, conociendo la armonía que éste representa.
Paseando por las arenas de aquel que lanzó olas de 30 metros sobre pueblos ribereños y al otro día, calmo, mustio, olvidó a los que ahogó.
Caminó arrojando sus culpas al mar, para que fueran esas aguas las que lavaren su pasado.
Antes de partir, Alberto se reunió en la playa con Ana Laura. La encontró mirando hacia esa enorme masa de agua. Desde el lugar donde estaba, sólo veía esa espalda que mostraba el cobrizo del sol, el brillo del sudor y los pequeños granos de arena, como diminutos diamantes que relumbraran a contraluz.
Se acercó y la abrazó; ella no volteó; un leve temblor de su piel fue la respuesta a la cercanía de su alma gemela. Pareciera que las dos auras se hubieran reconocido y simplemente se fundieran.
Miraba hacia el final del océano. Alberto deseaba, con Ana Laura, irse hundiendo en esas aguas cristalinas, mientras escuchaba los acordes del ’Dios nunca muere’ y de ’A mi manera’.
El escritor decía que si tuviera que escoger entre los cementerios que conocía, optaría por el mar en sí mismo que es el que más horizontes abarca.
Así, Alberto, después de muerto, navegará junto con los obscuros e invisibles navegantes cuyo espíritu flota sobre las aguas.
Navegar junto a los náufragos cuyas almas el mar ha tragado.
Junto con él murió Laura, su compañera de vivencias.
¿Sería porque ella fue un fantasma que existió, junto con Alberto, sólo en la mente del escritor?
craveloygalindo@gmail.com


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